Juegos de Vestir

Ochocientos ocho juegos de vestir en el catálogo. Ocho mencionan una puntuación. No es un descuido: es el género.

36 juegos · elegidos a mano y completados con el catálogo

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Antes de la pantalla fueron papel, y llevaban ya doscientos años.

Cómo está hecha esta lista

La muñeca recortable —una figura de cartulina y una lámina de ropa con pestañas— es un juguete impreso del final del siglo XVIII, y la primera producida para vender fue «Little Fanny», Londres, 1810: una muñeca con un cuadernillo de vestidos y una historia moral que se contaba cambiándole la ropa. En España fueron las recortables, pliegos impresos que se vendían sueltos en los quioscos durante buena parte del siglo XX y que se recortaban con tijeras en la mesa de la cocina.

Un juego de vestir de navegador es exactamente ese objeto con dos cambios: el armario es infinito y las tijeras no hacen falta. Nada más ha cambiado, y por eso funciona.

El dato que define el género

Lo medimos sobre el propio catálogo porque es más honesto que opinarlo.

Ochocientos ocho juegos llevan la etiqueta de vestir. Ocho mencionan una puntuación en su descripción y quince mencionan perder. Uno por ciento. No es que estén a medio hacer: es que la derrota no forma parte de esto, igual que no forma parte de un cuaderno de dibujo.

Y eso es justo lo que hace que se desprecie el género y lo que hace que se juegue. Un juego sin condición de fallo no te está midiendo — no hay reflejo que entrenar, no hay puntuación que superar, no hay nadie con quien compararse. Lo único que pide es decidir, que es precisamente lo que los juegos con cronómetro te quitan.

Lo que sí distingue a uno bueno

Si no hay derrota, ¿qué separa a uno bueno de uno malo? Tres cosas, y ninguna es la cantidad de ropa.

Cuánto se puede cambiar de verdad. Un armario de doscientas prendas donde todo combina con todo es menos interesante que uno de treinta donde las capas se superponen y el color importa.

Si el resultado se puede mirar. Los buenos te dejan quitar la interfaz y ver el personaje entero, quieto. Los malos te dejan una rejilla de botones tapando media pantalla.

Si te deja guardar. Casi ninguno lo hace bien, y cuando lo hace es en el almacenamiento de tu propio navegador — vaciarlo se lo lleva. Está en la ficha de cada juego cuando lo hemos medido.

Y el problema que arrastra el género

Solo ciento cuatro de los ochocientos ocho declaran funcionar en móvil.

Es absurdo. Vestir es arrastrar cosas y soltarlas, que es lo que un dedo hace mejor que un ratón. Lo que pasa es que la mayoría son de la época en que todo se programaba para ratón y nadie los rehizo. Los que sí van en el móvil están marcados, y son los que conviene abrir primero si estás en el teléfono.

Preguntas frecuentes

¿Se puede perder?

Prácticamente en ninguno, y está medido: de los ochocientos ocho juegos con esta etiqueta en el catálogo, ocho mencionan una puntuación y quince mencionan perder. El uno por ciento. No es que estén sin terminar — es que el género no tiene condición de derrota, igual que no la tiene un cuaderno de dibujo.

¿Hay que pagar algo o crear una cuenta?

No. Estos son los de navegador, no las aplicaciones de móvil con moneda y cofres. Se abren, se juega y se cierran. Ninguno pide correo y ninguno tiene tienda de verdad; cuando ves monedas, casi siempre solo desbloquean ropa dentro de la misma partida.

¿Funcionan en el móvil?

Menos de los que deberían, y lo marcamos. Solo ciento cuatro de los ochocientos ocho declaran ir en móvil, lo cual es absurdo en un género que se juega arrastrando cosas con el dedo. La mayoría son de la época en que todo se hacía para ratón y nunca se rehicieron.

¿Son solo para niñas?

El distribuidor los etiqueta así y nosotros heredamos la etiqueta, pero el juego que hay debajo es un editor: eliges piezas, las combinas y miras el resultado. Es la misma actividad que personalizar un personaje en cualquier juego grande, sin las diez horas previas.