Juegos de Mahjong

Dos fichas iguales, un lado libre cada una, y un montón que no perdona el orden.

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El mahjong que juegas en el navegador no es el mahjong.

Cómo está hecha esta lista

El de verdad se juega entre cuatro alrededor de una mesa, con manos ocultas, apuestas y una regla del viento del este. Este lo inventó Brodie Lockard en 1981 en el sistema PLATO de una universidad, se publicó después con el nombre de Shanghai, y del juego chino solo conservó el dibujo de las fichas. Es un solitario, no un juego de mesa — y saberlo cambia cómo se juega, porque dejas de buscar combinaciones y empiezas a mirar qué bloquea a qué.

La única regla, y por qué basta

Una ficha se va si se cumplen dos cosas a la vez: no tiene nada encima, y uno de sus dos lados está libre. No los dos. Con uno vale.

Escrito así parece una obviedad, y sin embargo es lo que hace la partida. Una ficha perfectamente visible en mitad de una fila es intocable; una medio tapada en el borde sale a la primera. No juegas contra el azar, juegas contra un orden: cada pareja que quitas libera otras, y la pregunta nunca es «qué fichas van juntas» sino «cuál de las tres parejas posibles abre más el tablero».

El que empieza quita la primera pareja que ve. El que ya lo ha entendido mira antes qué libera esa pareja, y a veces elige la menos evidente porque desatasca una esquina entera.

Lo que vas a encontrar aquí, sin adornos

El mahjong es el género más reciclado del navegador. De los treinta y seis títulos de esta lista, buena parte son el mismo juego con otras fichas: Pascua, Halloween, San Valentín, animales del zoo. El motor es idéntico, la disposición muchas veces también, y lo único que cambia es el dibujo. No es una crítica —un mahjong bien hecho sigue siendo bueno con cualquier decorado— pero mejor decirlo que dejar que lo descubras al tercero.

Las diferencias de verdad están en otro sitio, y hay tres que merecen la pena.

La disposición. La tortuga clásica es la más conocida y la más benévola. Las de mariposa, pirámide o puente entierran muchas más fichas y producen bastantes más callejones sin salida.

Cuántas fichas hay que juntar. La regla estándar pide dos. Algunos títulos piden tres, y eso no lo hace vez y media más difícil: lo hace mucho más difícil, porque mientras el tercer ejemplar siga enterrado, los otros dos no sirven de nada.

La fusión. Un puñado de títulos recientes abandona el emparejado por la fusión: dos fichas iguales no desaparecen, se convierten en la siguiente. Es otro juego con un nombre prestado, y está bien hecho, pero no esperes mahjong.

Una partida perdida desde el reparto existe

Esto es lo que ningún juego te cuenta. Según la disposición y la mezcla, una parte real de las partidas es irresoluble desde el principio, porque dos fichas iguales acaban apiladas una sobre otra: la de arriba no puede irse mientras la de abajo esté debajo, y la de abajo está debajo de la de arriba.

Si te bloqueas a los seis movimientos sin haber cometido ningún error, hay bastantes posibilidades de que no sea culpa tuya. Vuelve a empezar sin remordimientos. Los títulos que ofrecen barajar a mitad de partida existen exactamente por eso.

Por dónde empezar

Si no has jugado nunca, coge un mahjong clásico en tortuga y ve despacio: el juego no tiene cronómetro que merezca ese nombre, y correr no da nada. Si ya lo conoces, la versión de tres fichas es el salto de dificultad real — mucho más que las disposiciones exóticas, que sobre todo cansan la vista.

Preguntas frecuentes

¿Esto no tiene nada que ver con el mahjong de verdad?

Casi nada, y conviene saberlo desde el principio. El mahjong chino se juega entre cuatro, con apuestas y manos ocultas, más parecido al rummy. Lo que hay aquí se llama mahjong solitario: un jugador, un montón de fichas y un orden que encontrar. Se inventó en 1981 en el sistema PLATO de una universidad estadounidense, no en China.

¿Por qué una ficha no se deja quitar si la estoy viendo?

Porque una ficha solo es jugable si no tiene nada encima y además uno de sus dos lados —izquierda o derecha— está libre. Una ficha encajada entre dos vecinas está bloqueada aunque la veas perfectamente. Esa es toda la regla, y también es todo el juego.

¿Todas las partidas se pueden ganar?

No, y el juego nunca te lo dice. Según la disposición, aproximadamente una de cada cinco está perdida desde el reparto porque dos fichas iguales quedan apiladas una encima de la otra. Si te atascas muy pronto sin haber cometido ningún error visible, probablemente no eres tú.

¿Y las versiones de tres fichas?

Piden tres iguales en vez de dos, y eso no lo hace vez y media más difícil: lo hace mucho más difícil. Cada grupo tiene tres ejemplares, así que liberar dos no sirve de nada mientras el tercero siga enterrado.